1.000, 2.000, 3.000…

Al más puro estilo de gobiernos anteriores ha contado el Consell del Botànic los millones de ingresos extraordinarios. 1.000, 2.000 y hasta 3.000 millones se han inventado para los presupuestos de este último año de legislatura, engordando los ingresos y falseando los gastos. Para que podamos hacernos una idea de la dimensión de esta “magia” presupuestaria, basta con recordar que el mismo Consell prevé una inversión de 700 millones para la construcción de 200 colegios y la reforma de otros 500. Es decir, con esos mágicos 3.000 millones se podrían construir más de 800 colegios y reformar más de 2.000, o se podría construir un centro educativo nuevo en cada población y reformar todos los existentes, incluidos los demonizados concertados. Pero estas escuelas no se podrán construir porque el constructor no admitirá como forma de pago un vale/promesa de una mejora del sistema de financiación autonómico (entre otras cosas porque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya ha negado que se vaya a producir). No se podrán construir porque el constructor no puede decirle a sus trabajadores que la Conselleria de Educación propone que cobren cuando nos devuelvan una deuda que llaman histórica. No se podrán construir esos colegios porque el albañil, el fontanero o el electricista no puede decir en la caja del supermercado que les pagará cuando un tal señor Soler, Conseller de Hacienda, haga un milagro al estilo del de los panes y los peces. Pero insisten desde el Botànic en que han presupuestado los ingresos que nos merecemos los valencianos, y eso no lo ponemos en duda, pero nos preguntamos si todos los trabajadores están cobrando lo que se merecen y si están gastando como tal, o bien como sensatamente les permiten sus ingresos reales. No cabe discusión sobre la necesidad de cambiar el sistema de financiación, ni de que seamos los más perjudicados, como tampoco la hay de que se trata de un sistema de financiación que impuso el PSOE en su momento y ha mantenido el PP. Una triste realidad que no se puede negar y que condiciona los ingresos en los presupuestos de la Comunitat Valenciana. La magia para Disney y la realidad para los políticos. Los presupuestos botánicos serán una herencia envenenada y un lastre para la recuperación valenciana. Su irresponsabilidad nos obligará a un esfuerzo extra para devolver a esta tierra la vida y la alegría que nunca deberíamos haber perdido. Pero lo haremos.

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